Cinco álbumes, un orden, y una advertencia sobre el disco que todo el mundo compra primero y que termina en la estantería sin haber llegado a la cara B. Chet Baker tiene treinta años de grabaciones; el problema no es encontrar algo suyo, sino no entrar por la puerta equivocada.

Por qué "My Funny Valentine" no es el primer disco que debes comprar

Antes de la lista, el error más común. Alguien te recomienda a Chet Baker, escuchas esa canción en alguna lista de Spotify, te queda sonando, y vas a una tienda de discos o a un marketplace de segunda mano buscando "My Funny Valentine". El problema es que eso no te lleva a ningún álbum en concreto: esa canción aparece en al menos seis grabaciones distintas suyas a lo largo de tres décadas, con registros completamente distintos. La versión más citada es la del EP original de Pacific Jazz de 1954, incluida después en la edición de doce pulgadas de Chet Baker Sings de 1956. Y esa grabación es maravillosa. Pero también es la más atípica de su catálogo: Baker tenía veinticinco años, estaba en el pico de su atractivo físico y su fama pop, y el disco tiene una calidad casi irreal de perfección juvenil que no prepara bien para entender lo que hizo antes y después.

Empezar por ahí es como leer a Wharton por La edad de la inocencia porque ganó el Pulitzer: técnicamente correcto, y prácticamente infalible para que no sigas.

It Could Happen to You — Riverside, 1958: el mejor punto de entrada

Este es el disco que recomendaría primero a quien no sabe nada de Baker. Grabado en Nueva York para Riverside Records en 1958, con un cuarteto que incluye a Kenny Drew al piano y George Tucker al contrabajo, el álbum alterna canciones vocales con instrumentales y muestra las dos caras de Baker sin imponer ninguna de las dos. La voz no es el espectáculo; el fraseo de la trompeta tampoco tiene que competir con nada. Es Baker en formato conversación, no en formato actuación.

El Penguin Guide to Jazz Recordings, la referencia crítica anglosajona más consultada, describe el Baker de Riverside como el momento en que "su musicalidad encontró el contexto adecuado para mostrar profundidad". El sello Riverside, el mismo que grabó a Thelonious Monk y a Bill Evans en esos años, tenía un sonido más neoyorquino, más nocturno, que el California-cool de Pacific Jazz. Para alguien que viene de fuera del jazz, esa diferencia de atmósfera importa más que los detalles técnicos.

La primera vez que lo escuché fue en el apartamento de una amiga en Back Bay, Boston, a finales de los noventa. Tenía puesto el Sancerre y el disco empezó sin anunciarse. Cuando terminó la cara A, me di cuenta de que no había hablado en veinte minutos. Eso no pasa con todos los discos.

Chet — Riverside, 1959: cuando Bill Evans y Baker comparten el mismo aire

Si el álbum anterior es la puerta, este es el primer cuarto de la casa al que entras y decides si quieres quedarte. Chet, grabado en diciembre de 1958 y enero de 1959 en los Reeves Sound Studios de Nueva York, reúne a Baker con Bill Evans al piano, Pepper Adams al barítono, Kenny Burrell a la guitarra, Paul Chambers al contrabajo y Philly Joe Jones a la batería. Es un elenco que en cualquier otro contexto sería el álbum principal de cualquiera de ellos. Aquí sirven de marco para Baker, y lo hacen tan bien que el álbum tiene esa extraña calidad de los discos donde nadie ocupa demasiado espacio.

Pitchfork le dio un 8.0/10 en su crítica retrospectiva. AllMusic le otorgó cuatro estrellas, señalando que el álbum "muestra la manera especial de Baker con el instrumento". El Penguin Guide to Jazz lo distingue con tres estrellas, equivalente a "esencial" en su sistema. Nueve instrumentales, todos baladas o tiempos medios: "Alone Together", "September Song", "You'd Be So Nice to Come Home To". No hay un solo momento en que Baker tenga que demostrar velocidad técnica. Todo es control, espacio, fraseo. El sonido de Riverside en este disco tiene una calidez que los vinilos originales preservan mejor que casi cualquier transferencia digital.

Chet Baker Sings — Pacific Jazz, 1956: fascinante, pero tercero

Hay que hablar de este disco porque es el más vendido y el más citado, y porque merece un lugar en la lista aunque no sea el primero. La edición de doce pulgadas de 1956 expande el EP original del 54 con seis canciones grabadas en julio de ese mismo año. La voz de Baker en estas grabaciones —veinticinco, veintiséis años, Los Ángeles— tiene una calidad andrógina y frágil que dividió a la crítica contemporánea. El DownBeat Magazine lo votó mejor vocalista ese año, por encima de Nat King Cole. El álbum terminó recibiendo el Grammy Hall of Fame Award en 2001, décadas después de que la mayoría de los críticos serios lo redescubrieran.

La grabación recibió críticas polarizadas en su momento: algunos decían que la voz era "afectada" y "etérea". Ahora sabemos que eso era exactamente su virtud. Pero esa misma cualidad la hace difícil como primer disco: si no tienes ya cierta relación con Baker trompetista, la voz puede sonar caprichosa, casi de boutique. Tercero, no primero.

Las reediciones en vinilo de Blue Note y Capitol son fiables. Evita las transferencias baratas de plataformas de terceros: la dinámica de las grabaciones de Pacific Jazz se degrada rápido con masterizaciones descuidadas.

Chet Baker in Tokyo — King Records, 1987: el disco de llegada

Grabado el 14 de junio de 1987 en Tokio, con Harold Danko al piano, Hein Van Der Geyn al contrabajo y John Engels a la batería, este álbum en directo fue lanzado por King Records en Japón en 1993 y luego distribuido por Evidence Music. Baker murió once meses después de esta actuación, en Amsterdam, en mayo de 1988. La grabación muestra un músico en plena posesión de sus facultades a pesar de décadas de vida destructiva.

The New York Times elogió las actuaciones señalando la capacidad de Baker para "tocar baladas con una elocuencia casi dolorosa, poética". AllMusic le da cuatro estrellas y escribe que "demuestra que todavía tenía el control completo de sus capacidades musicales, tocando no solo con belleza sino con energía". La versión de "Stella by Starlight" en este disco es, para mí, la mejor que grabó. Hay una concentración en cada nota que solo tienen los músicos que saben que el tiempo se acaba.

No es un disco de entrada. Es un disco al que llegas después de conocer el arco completo. Cuando lo escuchas habiendo pasado por el Baker joven de Pacific Jazz y el Baker maduro de Riverside, el Tokyo de 1987 tiene el peso que merece.

El quinto álbum: Embraceable You (Pacific Jazz, 1957)

Menciono este porque aparece poco en las listas de recomendación y merece más espacio. Grabado en Los Ángeles en 1957 para Pacific Jazz, es un álbum de standards vocales con acompañamiento de cuarteto que comparte el espíritu del Chet Baker Sings sin la carga de iconicidad que ese disco ya tiene. La versión de "But Not for Me" es especialmente limpia. Para quien quiera más Baker vocal después del Sings sin repetir el mismo disco, este es el siguiente paso natural.

El orden correcto, si quieres seguirlo

  1. It Could Happen to You (Riverside, 1958) — la puerta
  2. Chet (Riverside, 1959) — el primer cuarto al que entras
  3. Chet Baker Sings (Pacific Jazz, 1956) — ahora sí, con contexto
  4. Embraceable You (Pacific Jazz, 1957) — la extensión natural del vocal
  5. Chet Baker in Tokyo (King Records/Evidence, 1987/1993) — el disco de llegada

Este orden no es el que recomendaría en una clase de historia del jazz. Es el orden que funciona para quien llega sin saber nada y quiere quedarse.

Dónde escuchar Baker en vivo en el mundo hispanohablante

El Café Central de Madrid programa regularmente cuartetos de jazz acústico en el formato exacto en que Baker grabó la mayor parte de su obra: trompeta o saxo, piano, contrabajo, batería, sala pequeña. Bogui Jazz, también en Madrid, hace lo mismo con una programación más centrada en músicos europeos actuales que trabajan en esa tradición. En Barcelona, Jamboree lleva décadas siendo el espacio de referencia. Si estás en alguna de estas ciudades y acabas de comprar uno de estos discos, vale la pena ir a escuchar algo en directo la misma semana: la música grabada y la música en sala se explican mutuamente.

Para crítica y seguimiento en castellano, Tomajazz es la referencia española más rigurosa; ha cubierto desde Baker hasta los álbumes póstumos recientes de archivos holandeses. Cuadernos de Jazz, aunque con menos regularidad ahora, mantiene el fondo de archivo para quien quiera contexto histórico.

Lo que Baker enseña que ningún otro músico enseña igual

Hay músicos más técnicos, más originales, más influyentes en términos estrictamente históricos. Baker no inventó el cool jazz; Miles Davis y el nonet del Birth of the Cool lo hicieron antes y con más conciencia teórica. Lo que Baker tiene que ningún otro tiene en la misma medida es la capacidad de hacer que una nota sola, en el lugar justo, pese exactamente lo que tiene que pesar. El fraseo de su trompeta funciona como la puntuación de un texto bien escrito: no llamas la atención sobre ella, pero si la quitaras, el sentido desaparecería.

Eso es lo que hace que sus mejores álbumes —el It Could Happen to You, el Chet con Evans, el Tokyo del 87— no envejezcan. No son documentos de una época. Son demostraciones de cómo se construye una frase musical con economía.


Si quieres hablar de cuál es el mejor disco de Baker, o de en cuál me equivoco, sabes dónde encontrarme. Tengo Sancerre y tiempo esta tarde.

Dime cuál estás escuchando, Victoria